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Arte de Pájaros

Pablo Neruda

 

 

Alcatraz

Sentado en el mar el pelícano
resuelve problemas profundos:
la capacidad del océano
en su faena alimenticia,
la repetición de las olas,
la soledad de la ballena,
los sortilegios de la luna,
las coordenadas del viento.
El tiempo cae por su cráneo
de juez impasible del agua
y de su larga nariz resbala
una gota de ola o de lluvia
como un dictamen transparente.
La marea mece su peso
de nido o cuna abandonada
mientras mide los peces previos
que como elásticas monedas
acumula en el monedero
que le cuelga de la garganta.
Una tras otra llegarán
congregaciones de sardinas
de pálidos peces de otoño,
suaves merluzas de Taitao,
fureles color de cuchillo
y hasta su bolsa llegarán
fosfóreos moluscos, ventosas,
satanizados calamares,
cefalópodos urticarios.
De pronto el avaro levanta
su bolsa pesada de peces,
extiende dos alas de plomo,
el férreo plumaje enarbola
y cruza en silencio el silencio
como una nave religiosa.

 


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